La Observancia del Sábado

LA OBSERVANCIA DEL SÁBADO

El Salvador guardaba el sábado, y enseñó a sus discípulos que lo guardaran. Sabía de qué manera debía ser observado, pues él mismo lo había santificado.
La Sagrada Escritura dice: “Acordarte has del día del sábado, para santificarlo.” “El séptimo día será Sábado al Señor tu Dios.” “Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay; y en el día séptimo reposó: por tanto el Señor bendijo el día del Sábado, y lo santificó.” Éxodo 20:8, 10,11; 31:16,17.

Los doctores de los judíos habían establecido muchas reglas respecto a la manera de observar el sábado, y querían que todos obedecieran sus mandamientos. Así que acechaban al Salvador para ver lo que él haría.

Un sábado, mientras regresaba de la sinagoga, Cristo y sus discípulos pasaban por un campo de trigo. Como era tarde y los discípulos tenían hambre, arrancaron algunas espigas, las restregaron entre sus manos y se pusieron a comer los granos.

En cualquier otro día, a toda persona que pasaba por un sembrado o huerto le era permitido tomar lo que quería comer. Pero no era así en día sábado. Los enemigos de Cristo vieron lo que los discípulos estaban haciendo, y dijeron al Salvador:
“¡Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en el sábado!” Mateo 12:2.

Pero Jesús los defendió. Recordó a sus acusadores el caso de David, quien, teniendo necesidad, comió del pan sagrado del tabernáculo y dió también a sus compañeros hambrientos.

Si David pudo hacer tal cosa sin culpabilidad, ¿no podían los discípulos arrancar en las horas sagradas del sábado el grano que necesitaban para satisfacer su hambre?

El sábado no fué hecho para gravamen del hombre. Su objeto fué darle paz y descanso. Por eso nuestro Señor dijo: “El sábado fué hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado.” Marcos 2:27.
“Aconteció también en otro sábado, que entró en la sinagoga y enseñaba: y había allí un hombre que tenía seca la mano derecha.
“Y los escribas y los fariseos le estaban acechando, por ver si le sanaría en el sábado, a fin de hallar cómo podían acusarle.
“Mas él conocía sus pensamientos, y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, poniéndose en pie, se estuvo esperando.
“Jesús entonces les dijo: Yo os pregunto. ¿Es lícito en el sábado hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida, o destruirla?
“Y mirándolos a todos en derredor, le dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él lo hizo así: y su mano le fué restaurada.
“Mas ellos se llenaron de rabia, y conferenciaban entre sí de lo que pudieran hacer a Jesús.” Lucas 6:6-9, 11.

Jesús les demostró cuán poco razonables eran mediante esta pregunta: “¿Qué hombre habría de vosotros, que tenga una sola oveja, el cual, si ella cayere en un hoyo en día de sábado, no le echará mano y la sacará?”

No pudieron ellos responder. Y en seguida él les dijo: “Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? así que es lícito hacer bien en día de sábado.” Mateo 12:11, 12.

“Es lícito.” Es decir: está en conformidad con la ley. Jesús no reprendió a los judíos porque reverenciaban la ley de Dios, o porque guardaban el sábado. Por el contrario, siempre apoyó la ley en todas sus partes.
Isaías profetizó acerca de Cristo: “Engrandece la ley, y la hace honorable.” Isaías 42:21. Engrandecer quiere decir magnificar, ensanchar, elevar a una posición superior.

Cristo magnificó la ley mostrando el significado admirable que tenía cada parte de ella. Enseñó que debe ser obedecida no sólo con las acciones que los hombres ven, sino también con los pensamientos que sólo Dios conoce.

A quienes declaraban que Jesús había venido a abolir la ley, él dijo: “No penséis que vine a invalidar la Ley, o los Profetas: no vine a invalidar, sino a cumplir.” Mateo 5:17.

Cumplir quiere decir guardar, observar, respetar. Véase Santiago 2:8. Por esto cuando Cristo vino para ser bautizado por Juan, le dijo: “Porque así nos conviene cumplir toda justicia.” Mateo 3:15. Cumplir la ley es obedecerla perfectamente.

La ley de Dios no puede cambiar jamás, pues Cristo dijo: “Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni un tilde pasará de la ley, hasta que el todo sea cumplido.” Mateo 5:18.

Cuando Cristo preguntó: “¿Es lícito en el sábado hacer bien, o hacer mal? ¿salvar la vida o destruírla?” demostró que podía leer en los corazones de los malvados fariseos que le acusaban.

Mientras él trataba de salvar vidas curando a los enfermos, ellos trataban de destruír la suya condenándole a muerte. ¿Qué era mejor, matar en sábado, como ellos intentaban hacerlo, o sanar a los enfermos como él había hecho?

¿Era acaso mejor abrigar intenciones homicidas en el día santo de Dios, que tener el corazón lleno de amor para con todos los hombres, de un amor que se expresaba en obras de bondad y misericordia?

Cristo Nuestro Salvador.

Frida Guzman

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